Un acto de abandono (por San Francisco de Sales)

¡Oh Dios mío, te doy gracias y te alabo
por cumplir tu santa
y amabilísima voluntad sin tener en cuenta la mía!
¡Con todo mi corazón,
a pesar de mi corazón,
recibo esta cruz que tanto temía!

Es la cruz de Tu elección,
la cruz de Tu amor.
La venero;
ni por nada del mundo
desearía que no hubiera llegado,
ya que Tú la quisiste.

La guardo con gratitud y con alegría,
como hago con todo lo que viene de Tu mano;
y me esforzaré por llevarla sin arrastrarla,
con todo el respeto
y todo el afecto que Tus obras merecen.

Amén.