El P. Mark-Mary y el P. John Anthony Boughton comparten algunos recordatorios amistosos sobre las consecuencias del pecado.
Si cada uno de nosotros pudiera ver nuestras almas y los pecados que hemos cometido como Dios los ve, seguramente nos horrorizaríamos por las consecuencias. Por suerte para nosotros, sin embargo, Dios es infinitamente misericordioso y siempre está dispuesto a perdonarnos. Pero si nos enfocamos demasiado en la naturaleza abundante de la misericordia del Señor, podríamos empezar a olvidar las consecuencias muy reales que el pecado tiene en nuestras vidas y en las vidas de quienes nos rodean.
La misericordia no significa nada sin justicia. No necesitaríamos un Salvador si nunca necesitáramos arrepentimiento y purificación. Y por eso es importante que reconozcamos el efecto dominó que el pecado tiene en nuestras vidas y en las vidas de los demás.
De una forma u otra, cada pecado es un crimen contra Dios y nuestro prójimo, y cada uno tiene un efecto desgarrador. Oremos para que el Señor aumente nuestra conciencia de las consecuencias que tienen nuestros pecados y nos fortalezca para buscar su misericordia intencionalmente, sin asumir que ya la tenemos.