San Pablo nos dice: "Hagan todo sin murmuraciones", pero incluso los cristianos mejor intencionados pueden caer en un hábito tóxico de quejarse constantemente. Es cierto que a veces, compartir una queja puede ayudar a rectificar una situación injusta o llamar la atención sobre algo que necesita cambiar. Pero cuando uno empieza a obsesionarse con lo negativo que le rodea y a expresar sus críticas o quejas sobre todo en su vida, se aprisiona en su propio infierno personal.
Hoy, el Padre Mike nos anima a pedir la gracia de Dios para liberarnos del hábito de quejarse.