Ama a la persona que tienes delante.
Es fácil pasar por la vida sintiéndose invisible, como si no importaras, como si no tuvieras nada que ofrecer. Pero cuando Cristo nos ve, todo eso tiene el potencial de cambiar. Entonces, podemos empezar a ver que estamos llamados a amar a la persona que tenemos delante y que no tiene nada que ofrecer.