No podremos regocijarnos, orar o dar gracias siempre a menos que nos regocijemos, oremos y demos gracias ahora.
El síndrome del protagonista puede hacernos creer que tenemos el control. Pero hay muchas circunstancias que están fuera de nuestro control. A menudo solo podemos controlar cómo respondemos a nuestras circunstancias. Como cristianos, elegimos regocijarnos siempre, orar sin cesar y dar gracias en toda circunstancia.