Perdido. ¿Y si?
No saber dónde estamos, adónde vamos o cómo llegar puede ser increíblemente desalentador. Puede llevarnos a un lugar de preocupación y ansiedad. Podemos sentir la tentación de evitar la incertidumbre y la incomodidad del viaje. Al centrarnos en la presencia y las bendiciones de Dios, podemos tener el valor de avanzar.