El P. Mike explica cómo Dios restaura nuestra fragilidad, especialmente cuando se trata de nuestros cuerpos.
Muy a menudo, encontramos que cuanto más preciosa es una cosa, más frágil es. Y cuando algo precioso se rompe, a menudo pensamos que se ha vuelto inútil. Como cuando rompemos una delicada taza de té, la tiramos porque ya no tiene valor.
Pero no es así con nuestros cuerpos.
Dios nos creó para ser templos del Espíritu Santo, algo muy precioso. Pero no somos como tazas de té frágiles. Si estamos rotos, si hemos sufrido abusos, si se han aprovechado de nosotros, o incluso si hemos elegido ceder a la tentación, no somos inútiles.
Dios restaura nuestra fragilidad.
Y a través de su gracia, somos restaurados a una gloria aún mayor.