De nada sirve decir "creo en Jesús" y luego volver a la vida de siempre.
La fe está en el corazón de nuestra relación con Dios. Pero nuestra fe no puede ser simplemente lo que aceptamos o una mera creencia. Nuestra fe debe moverse, actuar y obrar. Como los primeros discípulos, debemos dedicar nuestras vidas a una "vida de fe".