¿Cómo le damos sentido a las parábolas que al principio parecen confusas? ¿Qué quiere decir Jesús cuando dice “hacer amigos con las riquezas injustas”? Gomer desglosa la “Parábola del Mayordomo Injusto” y muestra por qué es esencial considerar el contexto —el tiempo, el lugar y la gente— cuando intentamos comprender el significado más profundo de las parábolas de Cristo.
Notas del programa
Dijo también Jesús a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador al que acusaron de malgastar sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Qué es eso que me dicen de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando mis bienes’. El administrador se puso a pensar: ‘¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita la administración? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me despidan, haya quienes me reciban en su casa’. Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: ‘¿Cuánto le debes a mi amo?’. Le respondió: ‘Cien barriles de aceite’. Él le dijo: ‘Aquí está tu recibo; siéntate en seguida y escribe cincuenta’. Luego preguntó a otro: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’. Él respondió: ‘Cien cargas* de trigo’. Le dijo: ‘Aquí está tu recibo; escribe ochenta’. Y el amo felicitó al administrador deshonesto por haber actuado con tanta sagacidad. “Porque los que pertenecen a este mundo son más sagaces en sus negocios que los que pertenecen a la luz. Por eso les digo: Hágase de amigos por medio de las riquezas injustas, para que, cuando estas les falten, los reciban en las moradas eternas. El que es digno de confianza en asuntos de poca importancia, también lo es en los de mucha; y el que no es honrado en los asuntos de poca importancia, tampoco lo es en los de mucha. Así que, si ustedes no son dignos de confianza en el uso de las riquezas injustas, ¿quién les confiará las verdaderas riquezas? Y si no son dignos de confianza con lo que es ajeno, ¿quién les dará lo que es de ustedes? Ningún servidor puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o se dedicará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y al dinero.” (Lucas 16:1-13)
El que no está casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradarle. En cambio, el casado se preocupa de las cosas de este mundo, de cómo agradar a su esposa, y está dividido. (1 Corintios 7:32-34)
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