¿Buscas maneras de lidiar con el estrés y el ajetreo de la vida diaria? Jeff comparte algunas de las luchas comunes que enfrentan las personas y que pueden distraerlas de lo más importante. Comparte una idea de cómo mantener la paz y volver a centrarse en tu relación con el Señor.
Fragmento del programa
Concéntrate en el bien que Dios ha hecho en tu vida.
Gaudium et spes Párrafo 4
«Hoy el género humano se halla en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y rápidos que se extienden progresivamente a todo el universo. Los provoca la inteligencia y la actividad creadora del hombre; repercuten sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre su modo de pensar y sobre las condiciones de su actividad tanto individual como asociada. De ahí que se pueda hablar ya de una verdadera transformación cultural y social, que redunda también sobre la vida religiosa.
Conmovidos por tan variada complejidad, muchos contemporáneos nuestros se encuentran lejos de poder identificar los valores permanentes y de poder ajustarlos convenientemente a las nuevas situaciones. Por ello, zarandeados entre la esperanza y la angustia y urgidos con preguntas acerca de la presente evolución de los acontecimientos, se sienten agobiados por la inquietud. Este mismo proceso impele a los hombres a buscar respuesta; es más, les fuerza a hacerlo.»
Gaudium et spes Párrafo 8
«En el interior del hombre se da con bastante frecuencia un desequilibrio entre el intelecto, práctico, que aplica los conocimientos, y el sistema de un pensamiento teórico, incapaz de ordenar la masa de conocimientos adquiridos ni de combinarlos armónicamente en una síntesis.»
Gaudium et spes Párrafo 10
«La verdad es que los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón del hombre. Son muchos los elementos que en su interior luchan entre sí. Pues, si por una parte, en cuanto criatura, experimenta múltiples limitaciones, por otra, se siente ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atraído por muchas solicitaciones, tiene que elegir siempre y que renunciar a algunas. Más aún, débil y pecador, muchas veces hace lo que no quiere y no hace lo que querría. De ahí que padezca una división interna, y de ahí también tantas y tan grandes discordias en la sociedad. Sin duda, muchos cuya vida está viciada por el materialismo práctico quedan cegados ante una nítida percepción de esta dramática situación; o bien, oprimidos por la desventura, se ven impedidos de reflexionar sobre ella. Pensando haber hallado la serenidad en la interpretación de la realidad, propuesta en todas partes estos días, muchos esperan de un esfuerzo únicamente humano la genuina y total emancipación de la humanidad; están convencidos de que el futuro dominio del hombre sobre la tierra satisfará todos los deseos de su corazón.
Ella sostiene igualmente que en su Señor y Maestro benignísimo se halla la clave, el centro y el fin de toda la historia humana. La Iglesia afirma, además, que, bajo todos los cambios, hay muchas cosas que no cambian, y que tienen su fundamento último en Cristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre. Bajo la luz de Cristo, imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura,6 el Concilio desea hablar a todos los hombres para iluminar el misterio del hombre y cooperar en el hallazgo de la solución de los problemas más importantes de nuestro tiempo.»
Salmo 75:1
«Te damos gracias, oh Dios; te damos gracias; invocamos tu nombre y contamos tus maravillas.»
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