Una excelente manera de mejorar espiritualmente esta Cuaresma es ofrecer no solo algo que elegiste, sino también ofrecer tus inconvenientes. Dale a Dios esos momentos en los que estás atrapado en el tráfico, o cuando alguien te dice algo amargo, o cuando tienes que hacer un recado que simplemente no quieres hacer. Ofrece esos inconvenientes que no elegiste, y Dios te hará más fuerte en ellos.
Recibe intencionalmente estos momentos y deja que brinden la oportunidad de morir a uno mismo. El compromiso cuaresmal que elegimos es una mortificación activa, pero estos inconvenientes que no pediste son mortificaciones pasivas. Son poderosos porque no tenemos control sobre ellos, y sin embargo podemos tener control sobre lo que hacemos con esos momentos. Aceptar estas mortificaciones pasivas es una forma de crecer en libertad, porque a través de ellas aprendemos a aceptar y vivir con gracia los momentos que de otro modo tendrían control sobre nosotros.
En palabras de San Pablo:
«Ahora me regocijo en mis sufrimientos por ustedes, y en mi carne completo lo que falta de las aflicciones de Cristo por el bien de su cuerpo, es decir, la iglesia» (Colosenses 1:24).
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