Hoy, el Padre Mike nos cuenta la historia del santo patrón de los confesores, San Juan Nepomuceno, quien entregó su vida porque se negó a romper algo llamado el "secreto de confesión", que es un deber sagrado de un sacerdote de nunca revelar lo que se dice en el confesionario.
Dios mismo estableció el sacerdocio como mediadores de la reconciliación en el Evangelio (Juan 20:21-22). La Iglesia toma tan en serio esta sagrada responsabilidad, que cualquier sacerdote que rompa el secreto de confesión queda automáticamente excomulgado.
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