¿Qué sucede en el corazón humano cuando sentimos esa repentina "chispa" de atracción? El Dr. Sri recurre a la sabiduría de San Juan Pablo II y su profunda obra "Amor y Responsabilidad" para ayudarnos a entender cómo manejar nuestras atracciones para que conduzcan al amor auténtico, en lugar de la lujuria y el uso.
Notas del programa
1. El fundamento: La dignidad de la persona humana
Toda persona humana tiene una dignidad inherente como hijo o hija amado de Dios.
Fundamentos bíblicos:
- Génesis 1:27 – “Y creó Dios al hombre a su imagen… varón y hembra los creó.”
- Salmo 139:14 – “Te alabo porque soy una creación admirable; ¡tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!”
- 1 Juan 3:1 – “Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y así somos.”
Antes de cualquier atracción, antes de cualquier química, toda persona tiene valor simplemente porque ha sido hecha a imagen y semejanza de Dios.
2. Valores sexuales: Cualidades físicas y psicológicas
Según el Papa Juan Pablo II en Amor y Responsabilidad, estamos dotados de “valores sexuales” que nos atraen mutuamente:
- Cualidades físicas (belleza, características corporales) → Atracción sensual
- Cualidades psicológicas (personalidad, masculinidad/feminidad) → Atracción emocional
Estas cualidades son buenas. No son pecaminosas. Están destinadas a atraernos hacia la persona que las posee.
Reflexión bíblica sobre la belleza y el deseo:
- Proverbios 31:30 – “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, esa será alabada.”
- 1 Samuel 16:7 – “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”
Dios nos permite notar la belleza, pero nos llama más allá de las apariencias, hacia el corazón.
3. La atracción no es pecado
La atracción espontánea no es pecado. La tentación en sí misma no es pecado. Jesús mismo enseña que el pecado entra cuando el deseo se convierte en una elección de usar a otro:
- Mateo 5:27–28 – “Habéis oído que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.”
El problema no es notar la belleza. El problema es si elegimos reducir a una persona a un objeto para el placer.
4. La diferencia entre el instinto y la libertad humana
Los animales operan por instinto. Los seres humanos, sin embargo, están dotados de intelecto y voluntad.
- Catecismo de la Iglesia Católica (1731) – “La libertad es el poder, radicado en la razón y la voluntad, de obrar o de no obrar…”
No somos esclavos de los impulsos. Podemos elegir si la atracción se convierte en reverencia o en consumo.
- Gálatas 5:13 – “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.”
5. Amor vs. Uso
El centro de Amor y Responsabilidad es este: el amor afirma a la persona; la lujuria usa a la persona.
El amor auténtico busca el bien del otro.
- 1 Corintios 13:4–5 – “El amor es paciente, es bondadoso… no busca lo suyo.”
- Filipenses 2:3–4 – “No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.”
Cuando la atracción nos lleva a honrar, proteger y buscar el bien del otro, madura en amor. Cuando la atracción busca consumir o manipular, se convierte en lujuria.
6. Para solteros y parejas casadas
Para solteros:
La atracción puede ser el comienzo del discernimiento. Pero debe crecer hasta convertirse en conocimiento del carácter, la virtud y la fe de la persona.
Para matrimonios:
Notar la belleza de otra persona no es automáticamente pecaminoso, pero rumiar en ello, fomentar la intimidad emocional fuera del matrimonio o cultivar fantasías puede volverse espiritualmente peligroso.
La santidad implica responsabilidad por dónde permitimos que vayan nuestros pensamientos y deseos.
Puntos clave
- La atracción es natural y buena.
- No es pecaminoso notar la belleza.
- Somos responsables de lo que hacemos con la atracción.
- Los valores sexuales están destinados a llevarnos a la persona, no a reducirlos a un objeto.
- El amor auténtico siempre reverencia la dignidad del otro como hijo de Dios.
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