- Cumple lo que dices. Necesitamos enseñar a nuestros hijos que nuestras palabras tienen peso la primera vez que las decimos, y esto requiere disciplina previa de nuestra parte. ¡Qué difícil! ¡Y, sin embargo, qué valioso a largo plazo!
- Escúchate a ti misma. Presta atención a la forma en que te comunicas con los demás, especialmente cuando estás enojada o frustrada, y decide si eso es lo que quieres para tus relaciones personales.
- Recuerda que tus hijos copiarán lo que haces. ¿Quieres que sean "gritones"? Presta atención al ejemplo que estás dando.
- Susurra, o usa una voz muy tranquila y suave para llamar la atención de tus hijos. ¡Funciona sorprendentemente bien!
- Evalúate a ti misma y las formas en que podrías sentirte tentada a compararte con los demás. A menudo, nuestras frustraciones con nuestras familias nacen de comparaciones injustas con otros.
- Cuando te equivoques, pide disculpas. Es valioso para nuestros hijos ver las formas en que no cumplimos nuestros ideales y cómo trabajamos para solucionarlo cuando eso sucede. ¡Perdónate a ti misma y dales la oportunidad de perdonarte también!
Fragmento del programa
Cuando mis hijos eran muy pequeños, recuerdo que mi hija mayor se alejó de mí cuando la llamaba para que hiciera algo, y sentí y escuché esa presión arterial palpitando en mis oídos. Estaba teniendo una respuesta física al nivel de frustración que sentía...
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