A lo largo de los Evangelios, Jesús dice: «Permaneced en mí» o «morad en mí», lo que —en términos simplificados— significa que, hagas lo que hagas, invites a Jesús. Pídele que «te acompañe». Esta es una forma de crecer en tu relación con él, pero también es algo inteligente, porque, después de todo, Jesús dijo:
«Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada» (Juan 15:5).
Cuando le pedimos a alguien que «venga con» o «vaya con», como dice el padre Mike que hacen en Minnesota, estamos dando a entender que disfrutamos de su compañía e incluso que le tenemos un cierto tipo de amor. Cuando amas a alguien, quieres que te acompañe a dondequiera que vayas.
Pero «permaneced en mí» significa más que eso. También significa contemplar a Jesús, no solo su rostro en un icono religioso —aunque eso podría ayudar—, sino contemplarlo con la mirada interior del corazón. Sé consciente de que él está presente. Esto no debería ser una carga. Es sencillo. Pasar tiempo con alguien a quien amas es tan fácil como no hacer nada.
En tercer lugar, permanecer en Cristo significa hablarle. Cuéntale tus sueños y deseos. Pregúntale cuál es su voluntad. Cuando hagas esto, ten en cuenta que el Señor es libre. No es robótico. Es libre de amarnos como quiere, y a veces ese amor es difícil, pero es lo que necesitamos.
Así que la próxima vez que hagas algo, cualquier cosa, di: «Jesús, ¿quieres venir conmigo?»
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