Participe en nuestra encuesta para contarnos más sobre usted y ayudarnos a adaptar nuestros episodios a sus necesidades.
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Esté atento a los signos de agotamiento.
- Usted no es la persona que está trabajando en última instancia—el Espíritu Santo puede usar a otra persona mientras usted toma un descanso necesario.
- Sea honesto y vulnerable con su pastor sobre lo que su trabajo les está costando a usted y a su familia, y establezca límites saludables.
- No sea un mártir.
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Las familias necesitan flexibilidad.
- Trate de incorporar esa flexibilidad en su programa y, cuando sea posible, programe oportunidades para la catequesis de toda la familia.
- Sea consciente de los factores estresantes, como la hora de las comidas, y, si es posible, ofrezca una solución a los padres.
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Los adolescentes y los niños tienen necesidades diferentes; no los presione demasiado para que se conviertan en "embajadores".
- De a las familias la capacidad de elegir qué eventos satisfacen las necesidades de sus hijos.
- No use a un adolescente (o a un niño más pequeño), que aún es impresionable, para intentar ministrar a otros adolescentes que están lidiando con problemas muy difíciles y sensibles.
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GRACIAS POR LO QUE HACE.
- ¡Es increíblemente valioso tener a otros adultos en la vida de mis hijos que los guíen cuando no quieren escucharme a mí!
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