¿Alguna vez te has preguntado por qué los cristianos describieron los acontecimientos que condujeron a la muerte de Jesús el Viernes Santo como «la Pasión» de Cristo?
Claramente, es fundamental para nuestra fe. ¿Por qué leeríamos la historia de la Pasión tres veces durante la Semana Santa si no lo fuera?
En este artículo, aprenderás las poderosas razones por las que llamamos al sufrimiento y la redención de Cristo su pasión.
Significado de la palabra «Pasión»
La palabra española «pasión» deriva de la palabra latina passio. Esta palabra significa sufrimiento. La expresión llegó así a describir las aflicciones que Cristo soportó por nuestros pecados el último día de su vida.
En nuestra era moderna, la palabra ha adquirido un significado adicional. En español, pasión puede describir un sentimiento o emoción intensa. Según el diccionario de la Real Academia Española, pasión significa «afección del ánimo, vehemente e intensa; inclinación o preferencia muy viva por algo». En este sentido, la gente a veces se describe a sí misma haciendo algo apasionadamente—con todo su corazón, con total compromiso, empuje y propósito.
«Pasión» como amor verdadero
Ese sentido también entra en juego cuando entendemos la determinación de Cristo de dar su vida por nuestros pecados. Él no es una víctima pasiva, tomada por sorpresa y obligada a soportar una muerte horrible. Jesús le dijo al Padre: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22:42). Él escogió beber la copa del sufrimiento hasta la última gota, todo por nuestra salvación.
El Papa Benedicto XVI nos lleva aún más profundo. En su carta encíclica Dios es amor, describe la pasión de Cristo en el contexto del amor apasionado. Pero aquí debemos ser claros: no está hablando de un amor apasionado humano y caído. Ese amor por sí solo puede ser una especie de embriaguez en la que nos dejamos llevar por nuestras emociones, sentimientos románticos y deseos sensuales. Tal amor es introspectivo, centrándose principalmente en los propios sentimientos y deseos, en lo que obtengo de la otra persona. Un amor tan egocéntrico no puede perdurar.
Dios sí tiene un amor apasionado por su pueblo. Él es «un amante con toda la pasión de un amor verdadero», dice el Papa Benedicto. Pero su amor apasionado por la familia humana se expresa en una forma superior de amor, expresada por la palabra griega agape—un amor total, comprometido y sacrificial. El amor agape es extrovertido, buscando lo mejor para la otra persona y dispuesto a sufrir y sacrificarse por el bien de esa persona.
«La Pasión» es amor Ágape
Piensa en cómo el amor agape se ve más perfectamente en el amor de Dios por nosotros. Aunque nos alejamos de Dios en pecado y aunque, según la justicia, hemos sido separados de Dios y tenemos una deuda que pagar por nuestro pecado, el amor apasionado de Dios lo impulsó a hacerse uno de nosotros y pagar esa deuda en nuestro nombre. Tanto nos amó Dios que no quiso que permanecieramos separados de Él para siempre. Nos buscó. Se hizo uno de nosotros y murió por nosotros para que pudiéramos reunirnos con Él.
Piensa en la Pasión de Cristo como los sufrimientos que Jesús soportó por nuestros pecados. Piensa en ello como su determinación apasionada de reconciliarnos consigo mismo. Y con el Papa Benedicto XVI, piénsalo como la pasión de un amante. El amor apasionado de Dios por su pueblo se expresa como agape, porque Jesús nos ama tanto que está dispuesto a entrar en nuestro sufrimiento y sacrificarse por nuestros pecados. Y quiere transformar nuestros corazones con este mismo amor perfecto agape que nos modela en cada paso del camino desde Getsemaní hasta la Cruz.
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El Dr. Edward Sri es teólogo, autor, vicepresidente de formación de FOCUS y presentador del podcast All Things Catholic. Obtén más información sobre su trabajo en edwardsri.com.
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