Puedo sentir el mundo cambiar y ver el amanecer de una nueva vida.
¡El Hijo ha resucitado! Si es verdad, tenemos el mundo que contar.
Con esta alegría, se da sentido a toda nuestra lucha sin respuesta.
¡Mi espíritu resuena mientras este Día de Resurrección toca la campana de la iglesia!
¿Ha habido alguna vez, me pregunto, volverá a haber
un milagro tan desafiante a las leyes probadas de la naturaleza?
Mientras nos reconcilia con Él en tal verdadera armonía,
somos hechos una novia digna para nuestro innegable Hacedor.
Corrí a donde lo pusieron como un niño en su sendero de Pascua,
pero mi búsqueda terminó con un descubrimiento que trajo gran desesperación.
Llegué al lugar y vi que el pesado velo de piedra estaba corrido,
y me entristeció ver que mi Señor y Salvador ya no estaba allí.
¿Pero por qué lo busco entre las moradas de los muertos?
¿Por qué sigo buscándolo entre mi tumba de pequeñas penas?
Cuando los problemas diarios me aquejen, estaré bien cuando se pongan los soles,
ya que el Hijo resucitó para que sepamos que el sol saldrá mañana.
Este poema fue publicado por primera vez en The Great Adventure Blog en 2015.
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