¿Eres humilde? Qué pregunta tan difícil, pero necesaria. Para determinar la respuesta, necesitamos ayuda.
La humildad no es una virtud fácil de cultivar, solo pregúntale al Padre Robert Spitzer.
Me gusta pensar en mí mismo como humilde, pero sé que tengo un largo camino por recorrer, gracias a San Josemaría Escrivá. En su libro, Camino, Surco y Forja, San Josemaría presenta diecisiete características de una persona que carece de humildad, y estas son contundentes.
Leerlas con oración y honestidad puede ayudarnos en el camino hacia una humildad cada vez mayor.
Las diecisiete señales de San Josemaría
Aquí tienes diecisiete señales de que tú también careces de humildad según San Josemaría Escrivá:
- Pensar que lo que haces o dices es mejor que lo que hacen o dicen los demás;
- Querer salirse siempre con la suya;
- Discutir cuando no tienes razón o —cuando la tienes— insistir obstinadamente o con malos modales;
- Dar tu opinión sin que te la pidan, cuando la caridad no te exige hacerlo;
- Despreciar el punto de vista de los demás;
- No ser consciente de que todos los dones y cualidades que tienes son prestados;
- No reconocer que eres indigno de todo honor o estima, incluso del suelo que pisas o de las cosas que posees;
- Mencionarte a ti mismo como ejemplo en una conversación;
- Hablar mal de ti mismo, para que formen una buena opinión de ti, o te contradigan;
- Poner excusas cuando te reprenden;
- Esconder algunas faltas humillantes a tu director, para que no pierda la buena opinión que tiene de ti;
- Escuchar alabanzas con satisfacción, o alegrarse de que otros hayan hablado bien de ti;
- Sentirte herido de que otros sean más estimados que tú;
- Negarse a realizar tareas humildes;
- Buscar o querer ser destacado;
- Dejar caer palabras de autoalabanza en la conversación, o palabras que puedan mostrar tu honestidad, tu ingenio o habilidad, tu prestigio profesional…;
- Avergonzarse de no tener ciertas posesiones…
No es fácil ser humilde porque requiere que miremos más allá de nosotros mismos. Como dice C.S. Lewis, una persona verdaderamente humilde no estaría pensando en la humildad. No estaría pensando en sí mismo en absoluto.
Creciendo en humildad
Si te encuentras culpable de más de unas pocas de estas señales, hay algo que puedes hacer ahora mismo. La Letanía de la Humildad es una oración atribuida al Cardenal Merry del Val, quien fue el secretario de estado de San Pío X. Incluye peticiones como “Del deseo de ser estimado, líbrame, Jesús” y “Que otros sean alabados y yo desapercibido, Jesús, concédeme la gracia de desearlo”.
Añadiendo esta devoción a la oración diaria, podemos crecer más profundamente en humildad, y con suerte ser capaces de responder honestamente a esa pregunta difícil.
Este artículo fue publicado originalmente en el blog del Magis Center.
¡Descubre qué es la humildad (y qué no es!)
En Humble Strength: The Eye-Opening Benefits of Humility, el autor católico y psicólogo clínico Kevin Vost muestra que la humildad no es auto-odio, sino más bien conocer tu verdadero ser a través de la gracia de Dios.
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